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"Siendo UNO en la diversidad..."

Por Thomas Yaccino



Deuteronomio 6:4

‘Oye, Israel: “El Señor nuestro Dios, el Señor uno es”’.

Juan 17:20-23


“No ruego solo por estos. Ruego también por los que han de creer en mí por el mensaje de ellos, para que todos sean uno. Padre, así como tú estás en mí y yo en ti, permite que ellos también estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, así como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí. Permite que alcancen la perfección en la unidad, y así el mundo reconozca que tú me enviaste y que los has amado a ellos tal como me has amado a mí”.

Efesios 4:1-4


“Por eso yo, que estoy preso por la causa del Señor, les ruego que vivan de una manera digna del llamamiento que han recibido, siempre humildes y amables, pacientes, tolerantes unos con otros en amor. Esfuércense por mantener la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz. Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como también fueron llamados a una sola esperanza”.


Reflexión acerca de la plenitud


La unidad cristiana existe dondequiera que los seguidores de Jesús se hayan reconciliado en sus relaciones con los demás, y en su participación continua en la comunidad de fe, para la gloria de Cristo y como resultado de la motivación constante que genera su perdón. La comunidad armoniosa de los pecadores redimidos existe en medio de una enorme diversidad. El cuerpo de Cristo se unifica en medio de su diversidad étnica, socioeconómica, política e incluso, teológica. El lazo común que nos une como cuerpo es una devoción suprema hacia Jesucristo, y nuestro compromiso compartido de difundir las buenas nuevas del reino de Dios mediante una vida fiel que demuestra el amor de Dios y su justicia. En esta época del año, en América se celebra el día de la diversidad. La tradición de celebrar el “descubrimiento” de América, en el cual históricamente se realizó uno de los genocidios más grandes de cientos de pueblos indígenas, por ver la diferencia como el enemigo, el desconocido como algo para temer, no conocer y entender. Gracias a Dios que hemos dado un giro al reconocer estos males y transformar el día en uno que celebra la diversidad de nuestra Latinoamérica. Hay tres aspectos de la plenitud en el “ser uno” que quisiera compartir para mostrar que la diversidad es una característica divina y regalo de Dios para la humanidad.


DIOS ES RELACIONAL. Dios es ‘Uno’, así como nos enseña el Antiguo Testamento (Deut. 6:4). Sin embargo, es la naturaleza de Dios como la trinidad en la que esta plenitud se revela de la manera más poderosa. La trinidad revela la unión del amor radical de tres ‘personas’ completamente distintas: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. El principio básico y el problema de ‘uno y muchos’ se ha resuelto en la propia naturaleza de Dios, quien es un misterio de relación auténtica que promueve el shalom. Esta relación, la unidad en diversidad, se llama amor en su modo más profundo.


DIOS ES DIVERSO. Los tres no son para nada uniformes, son bastante distintos, y sin embargo, son enteramente uno, en una entrega mutua y un flujo infinito de amor. ¡Dios, y toda la creación, son un misterio de relación! Creó todas las cosas y a la humanidad con el propósito de coexistir mediante relaciones perfectas y justas. Antes de la Caída, todas las cosas coexistían en medio de relaciones justas: Dios y la humanidad, la humanidad y la creación, los seres humanos entre sí. Como humanos creados a la imagen de Dios, no somos seres autónomos; somos únicos y diferentes, mas somos uno a la vez, al ser creados a la imagen de Dios. El ADN de la plenitud de Dios Trino corre en nuestro interior. La trinidad es la plantilla universal para la naturaleza de la realidad y la manera en que se reconcilian la unidad y la diversidad en todo nivel.


EL PROPÓSITO DE DIOS. A pesar de todas nuestras diferencias, los seguidores de Jesús estamos unidos con el propósito de revelar la presencia dinámica y la extensión del reino de Dios en medio de este mundo caído. Este compromiso lleno de pasión supera todos los potenciales rivales y al final, es el valor supremo de los creyentes en Cristo que son guiados por el Espíritu. No solo nos esforzamos por la unidad, por el bien de la unidad, sino para la gloria del Uno (Jesús), quien nos ha redimido del pecado y la separación. La forma en que pensamos, en que mostramos afecto, nos comportamos y revelamos nuestra identidad en Cristo gira en torno a nuestra lealtad compartida hacia el evangelio de la gracia. Esta es la evidencia del arrepentimiento verdadero y la nueva vida en Él. Hemos rechazado el enfoque idólatra y centrado en nosotros mismos de la vida que solíamos llevar antes de creer en Cristo. El evangelio del Reino es la prioridad más preciada en las vidas de los cristianos, trasciende otras lealtades que alguna vez nos apartaron unos de otros.


Como miembros de la familia de Dios y representantes de su Reino, debemos dedicarnos a vivir nuestra fe conociéndonos, comprendiéndonos y amándonos unos a otros para reflejar la naturaleza divina del Señor en el mundo dividido. Asimismo, los miembros de la familia IEBC, aunque somos diversos debido a nuestros trasfondos, culturas e incluso, tradiciones eclesiales, también debemos reflexionar acerca del amor de Dios por las personas a las que servimos mediante el amor que manifestamos. La unidad que Dios exige de su cuerpo solo es posible gracias a la sangre de Cristo que nos ha salvado del pecado y nuestras vidas centradas en nosotros mismos. Jesús vino a dar su vida por nosotros para que pudiéramos tener vida en relación con nuestro Creador, la creación y entre nosotros. Cuando lo aceptamos, morimos a nosotros mismos y al egoísmo que nos divide. El amor fortalece nuestra autonomía para que nos conectemos y experimentemos el diseño que Dios ideó para nosotros: ser Uno. Como familia que le sirve a Dios, mediante la comunidad de fe IEBC, reflexionemos sobre su amor y plenitud, y ejercitemos nuestra fe a medida que les servimos a nuestros vecinos en necesidad en amor. Que Dios nos ayude a seguir conociéndonos a fondo para valorar las diferencias representadas en nuestras historias, y en sí comprender más a fondo la HISTORIA de Dios que está escrita en nuestras vidas.

Amado Dios, eres el Creador y el sostén de todas las cosas. Gracias por crear este mundo tan grande y hermoso, lleno de colores, sonidos y formas. La diversidad en el mundo que creaste es sorprendente y hermosa. Dios, eres tres en uno, tu ser nos revela tu perfecto amor; nos creaste a tu propia imagen y ahora, aunque todos somos diferentes y únicos, podemos llegar a ser uno gracias a tu amor. Por favor, perdóname por juzgar a otras personas por ser distintas a mí; mi juicio causa división y separación. Jesús vino a reconciliar y salvar a este mundo dividido, entonces, oro para que me llenes de tu amor, de modo que puedas usarme para amar a otros y ser un colaborador tuyo en el proceso de reconciliar todas las cosas.

En el nombre de Jesús, Amén.



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