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"La Ramos"

Por Malena Manzato.


Hace algunas semanas, en uno de esos cientos de espacios virtuales que venimos compartiendo algunas personas en tiempo de ASPO, me crucé con Marcela Alluz, escritora santiagueña, radicada en Córdoba, no sabía quién era, pero me encontré con una mujer que tenía una mirada especial. Compartió un relato de su libro Brasas- relatos de vidas desabrigadas, titulado “La Ramos”, una perla que me es grato compartir. Debo decir que cuando lo escuché, y aún hoy cuando lo leo, se me llenan los ojos de lágrimas y relacioné las muchas veces en que la niñez, y aún muchas personas en la adultez, son expuestas a situaciones de mucho dolor y me pregunté: ¿Cómo mira Jesús a las cientos de “Ramos” que conocemos? ¿Quién no ha conocido a un o a una “Ramos”? ¿Cuántas “Ramos” nos rodean?

“En mi grado había una niña, la Ramos, a la que le decían piojosa. Nadie quería juntarse con ella. Era pésima como alumna. Llevaba el guardapolvo desprendido y nunca tenía merienda. Andaba sola, y las maestras no la querían. Ramos, le decían, fuerte, con rabia, cuando ella mordisqueaba el lápiz y se quedaba, la mirada fija en el pizarrón sin escribir. Ramos, al frente. Y ella pasaba y se quedaba enrollando su corbata entre los dedos. La maestra sabía que ella no había estudiado. Lo sabía, pero igual la enfrentaba al desconsuelo de hacer público su dolor.

Yo le miraba las manos, pequeñas, oscuras, flaquitas, de uñas sucias. Yo la miraba y desde los diez años, aprendí a odiar a todos los/as maestros/as que se ensañaban con las Ramos. Que a propósito y diciendo que era una oportunidad de levantar las notas, sometían a la angustia insoslayable, a la que sólo la conocen los niños, a aquella niña que tal vez sólo hubiera necesitado una seño que le suene los mocos y le pase la mano por el pelo, y le prenda los botones del guardapolvo.

Quien sabe, quien sabe si al abrochar esos botones le abotonaban también algún ojal del alma por donde se le deshilachaba la infancia."

Las estadísticas y los estudios sobre la situación de los niños, niñas y adolescentes en Argentina, y especialmente en América Latina, nos muestran una realidad que debe preocuparnos seriamente: la “infantilización de la pobreza”. Esta es entendida no solo como carencia económica, sino también como falta de acceso a servicios básicos de salud, a la educación formal, a espacios para la participación y de protección. Así mismo, la violencia, el abandono, el abuso sexual, la discriminación, la exclusión, la desprotección y la propagación de enfermedades, entre otras problemáticas, se presentan con mayor magnitud en contextos de pobreza.

¿Qué nos dice la Biblia de los niños y niñas en el reino de Dios? “Entonces él se sentó y llamó a los doce, y les dijo: Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos. Y tomó a un niño, y lo puso en medio de ellos; y tomándole en sus brazos, les dijo: El que reciba en mi nombre a un niño como este, me recibe a mí; y el que a mí me recibe, no me recibe a mí sino al que me envió». (Marcos 9:35-37)

¿Cuántos o cuántas “Ramos” habrán corrido hacia Jesús en el relato de Mateo 19:13-14? Haciendo un paralelismo, se me ocurre pensar que “entonces le trajeron algunos y algunas “Ramos” para que pusiera las manos sobre ellos/as y orara; y los discípulos los reprendieron. Pero Jesús dijo: Dejad a los/las “Ramos”, y no les impidáis que vengan a mí, porque de los que son como estos/as es el reino de los cielos. Dios nos sigue diciendo “no despreciéis a uno de estos/as pequeñitos/as, porque os digo que sus ángeles en los cielos contemplan siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos”. M7.18:10

Jesús nos enseñó que el reino de Dios no se corresponde con las perspectivas de otros reinos. Lo demuestra poniendo una niña o un niño en medio de los discípulos, y mostrándoles que el Mesías se identificaba con él o con ella, vulnerable y vulnerabilizada, llena de esperanzas y sostenida por el amor de Dios. A lo largo de toda la Biblia existe un grupo de personas al que se ordena cuidar las viudas, los huérfanos y los extranjeros. Estos representaban sectores con muchos derechos negados, con trabajos injustos, sin voto en las decisiones sociales, por ende, sin dignidad social, sin derecho a la educación, a la salud, etc.

En el caso particular de los y las huérfanas, se refiere no solo a una situación de simples “hijos sin padres y madres”, sino a niñas y niños abandonados. Estos también son los pequeños y pequeñas por quienes Jesús tiene especial interés, y que también son metáfora de la vida en el reino. Particularmente, en Mateo 18:3, Jesús habla de los pequeños y pequeñas como una alusión a quienes siguen a Jesús siendo como niños. La metáfora “pequeño” alude a la renuncia a las categorías de poder y dominio contemporáneas, y es un llamado a asumir una opción de vida de servicio desde la vulnerabilidad, como condición de confianza en Dios y de entrega al prójimo.

Como esta niña, la Ramos, puesta frente a los discípulos, no es solamente una menor, es también una campesina, una niña expuesta a muchas situaciones difíciles por el solo hecho de ser mujer y menor. Su condición de fragilidad sería más si se tratara de una niña extranjera o huérfana. Es así que los pequeños y pequeñas del reino vienen a ser metáfora de condición de vida, desde la cual Jesús sirve y convoca a sus seguidores a servir a los demás.

Dios quiera que podamos ser esas personas que, “quien sabe, quien sabe si al abrochar algunos botones a las Ramos que nos rodean le abotonaban también algún ojal del alma para que no se le siga deshilachaba la infancia."

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