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La filosofía de Pablo sobre la humildad

Por el pastor Esdras Kelly.

Pablo y Timoteo, siervos de Jesucristo, a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los obispos y diáconos. Filipenses 1:1

La presentación de Pablo en la carta a los Filipenses nos informa de su comprensión de si mismo en Cristo: “esclavo de Jesucristo“. Timoteo, un joven que había cosechado de la comunidad de Listra, era su aprendiz, carente de experiencia y de liderazgo. Sin embargo Pablo le endosa su liderazgo cuando le coloca en este saludo introductorio a su mismo nivel: Pablo y Timoteo. Está deliberadamente levantando a Timoteo; empoderándolo delante de la iglesia. No es esta la vocación del líder cristiano? ¿Levantar y empoderar a sus lideres emergentes? Es evidente que para esto es necesario un carácter templado, acendrado y maduro; haber superado las miserias del orgullo, el resquemor, las aspiraciones ocultas al culto a la personalidad y el deseo de acaparar la atención sobre si mismo. Debe uno haberse superado a si mismo por el Espíritu de Dios. Un hombre lleno del Espíritu de Cristo tiene una valoración tan clara y correcta de si mismo que se entiende en Cristo como igual al mas grande e igual al mas pequeño al mismo tiempo, no tiene mas alto concepto de si que el que debe tener; su punto de referencia no es su par, sino Cristo. Al ser uno con el Manso y Humilde, su conciencia de si mismo se eleva y no necesita medirse con otros para saber cuanto ha crecido; se mide solo con respecto a Cristo, el canon perfecto para el hombre. Es cuando miramos a cara descubierta a Cristo y somos confrontados con nuestro propio pecado y nuestra propia debilidad, que llegamos a la sublime comprensión de que de ninguna manera somos superiores a otros.

Pero la poderosa filosofía de Pablo sobre la humildad no se queda a nivel del liderazgo; es una línea conectora en dirección a todo el cuerpo de Cristo. El se dirige a tres grupos dentro de la iglesia: los santos, los obispos (vigilantes/supervisores) y los diáconos (siervos/ministros). ¿Cómo podríamos distinguir la línea jerárquica entre estas tres categorías, si ya ha asignado deliberadamente al sector de los liderados la máxima calificación existente? No queda mas preeminencia para las dos categorías restantes: los obispos y diáconos no pueden ser mas que santos! Con este nivel de clasificación el apóstol coloca en la iglesia un becuadro, que destruye cualquier efecto de bemoles y sostenidos en las relaciones eclesiales e interpersonales.

Esta es la lógica paulina para las relaciones en la iglesia, que a su vez son las que norman las relaciones interpersonales en el ámbito de la superación espiritual en Cristo, misma que constituye el modelo para las relaciones sanas y sanadoras en toda la sociedad: una sociedad de iguales con funciones especificas y diferenciadas, donde ya no hay judío ni griego (distinción por ascendencia o supremacía racial); no hay esclavo ni libre (distinción por posición o clase social); no hay varón ni mujer (distinción por supremacía de genero); “porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”, puntualiza Pablo.

Este tipo de relaciones están fundamentadas en un Cristo que se igualo a los mas humildes de su época, y quien al mismo tiempo estableció relaciones con los mas encumbrados de su entorno, un Cristo que siendo igual a Dios no tuvo reparos en hacerse igual a los hombres: esta es la columna vertebral de las relaciones interpersonales y de la convivencia pacifica. “Porque a quienes Dios conoció de antemano, los destinó también desde el principio a reproducir la imagen de su Hijo, que había de ser el primero entre muchos hermanos.

Romanos 8:29 BLPH. Que belleza descriptiva del carácter y la humildad de Cristo! El primero entre muchos hermanos! A El sea la gloria por los siglos de los siglos. Amen.

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