Buscar

Hermanos y hermanas, les invitamos a meditar sobre la práctica espiritual de la hospitalidad

Por Thomas Yaccino

Versículos de referencia: Apocalipsis 3, 20 Juan 1, 35-40 y Lucas 19, 1-6


El Evangelio de Juan comienza con una historia que muestra la hospitalidad de Jesús. Hace una invitación que lleva a que dos de sus futuros discípulos lo sigan. En las Escrituras, leemos que ven a Jesús caminando y, por curiosidad, empiezan a seguirlo. Él, quien conoce y ve todas las cosas, se da vuelta y les dice: "¿Qué es lo que quieren?" Es una pregunta profunda. En una situación así, la mayoría de nosotros habría preguntado: "¿Por qué me siguen?". Pero Jesús va más allá: formula una pregunta existencial y llega al corazón de quiénes son: "¿Qué están buscando?" O, en otras palabras, ¿qué necesitan?, ¿qué les hace falta en sus vidas? Es una pregunta que la mayoría de nosotros tendría problemas para responder.


Sin embargo, los dos responden de una manera que indica lo que más desean: quieren ver a Jesús y estar con Él. "¿Dónde te estás quedando?", le dicen. Es una pregunta que implica intimidad. La mayoría dudaría en contarle a un par de extraños que se encuentran en la calle cuál es su dirección de "casa", pues nuestros hogares son nuestros castillos privados. Son los lugares donde somos más nosotros mismos. Pero Jesús ve la naturaleza profunda de la pregunta y les responde: "Vengan a ver". Se dispone para que lo conozcan. Los recibe en su espacio. Jesús supera la vergüenza que los discípulos pudieron haber sentido, al ser tan atrevidos por preguntarle algo tan íntimo, y logra tranquilizarlos. Ve más allá del significado superficial de la pregunta y les habla a sus corazones. "¿Quién eres en realidad?”, le preguntan. Al responder, les muestra quién es en realidad.

Nuestros hogares ofrecen el marco para nuestras vidas, el lugar donde somos seres más privados y verdaderos, allí invitamos a otros a compartir sus vidas con nosotros. El término que usamos para sentir que entendemos algo es cuando "damos en el blanco". Este dicho transmite que una situación toca nuestro ser más profundo. Jesús invitó a estos dos potenciales seguidores a venir a verlo tal como Él era, a experimentarlo. La hospitalidad no es algo que podamos describir con palabras, es algo que se vive. Jesús no les respondió a los extraños: "Vengan y se los explico", ni "Vengan y aprendan"; sino que les dijo: "Vengan y vean" o “Vengan a experimentarme de primera mano”. "Oh, prueba y ve que el Señor es bueno" (Salmo 34, 7). Los dos aceptaron la invitación, lo vieron y se quedaron todo el día. El resto es historia…

La hospitalidad, como postura y práctica, es una forma de ser en el mundo. Por supuesto, es más real y efectiva cuando se da en nuestros hogares y alrededor de nuestras mesas. Pero no es necesario que solo suceda allí... podemos hacerlo en restaurantes, en la tienda de la esquina y en la parada de autobús. En estos tiempos de pandemia y la cuarentena, aún podemos ser hospitalarios de manera virtual por llamadas de WhatsApp o Zoom. La hospitalidad ocurre cada vez que nos encontramos con otros en la calle, en las comunidades e incluso, en nuestros celulares, computadoras y grupos WhatsApp… donde sea que mostremos un espíritu de bienvenida, de recibir al otro. La hospitalidad, como postura y práctica, permite que se abra un espacio seguro donde otros pueden sentirse como en casa. En otras palabras, crea un lugar (real o virtual) donde puede ser usted mismo, decir lo que piensa, hacer las preguntas que tiene y participar en el intercambio que se abre con respeto para escuchar diferentes puntos de vista. Jesús invitó a los extraños a su casa y los hizo discípulos. Como sus seguidores, les damos la bienvenida a los extraños y los hacemos amigos.

Henri Nouwen describe bien el proceso: "La hospitalidad crea el espacio y el tiempo, y ofrece la libertad para que el extraño sea su propio ser auténtico y se convierta en un amigo. No permite que creemos personas a nuestra propia imagen. Debemos escuchar al otro con la humildad de quien sabe que los demás tienen algo que ofrecernos, y tenemos mucho que aprender al escuchar sus historias. La hospitalidad cultiva una auténtica comunidad donde podemos estar en paz con nosotros mismos, con los demás y con Dios.”

Aunque las iglesias y organizaciones pueden ofrecer la práctica de la hospitalidad, es más efectivo cuando una persona la experimenta uno a uno en un espacio en el cual alguien más la escucha y la entiende. Es algo que necesitamos practicar y mejorar para poder mostrar esta actitud donde sea que estemos o vayamos. Al hacerlo, nos convertimos en instrumentos útiles en las manos de Dios, en el desarrollo de sus planes redentores y restauradores en el mundo.

Los relatos en la Biblia, en los que Jesús se invita e invierte la hospitalidad para que podamos sentir su presencia en nuestros hogares, también son muy importantes y notables: se invitó a la casa de Zaqueo para comer, ideó la última cena en el hogar de un extraño, cenó en casa de Marta y María camino al calvario. Jesús quiere que primero seamos hospitalarios con Él al abrir nuestros "hogares", nuestros corazones y espacios más íntimos (sean físicos o virtuales) para que entre a ser un amigo, alguien que cena con nosotros.

A continuación, hay tres principios rectores para nosotros, los seguidores de Jesús, que nos ayudarán a poner en práctica la hospitalidad con los demás. Nuestra esperanza es que tengamos el hábito de invitar a otras personas: expresar el amor de Dios a través de nuestro yo íntimo al darle la bienvenida al desconocido, a los que conocemos e incluso, a nuestra familia, a esos espacios seguros en los que podemos ser conocidos y conocer.


Ora por una actitud de bienvenida hoy. Pasar el día con un espíritu acogedor es una práctica espiritual que contrarresta nuestra carne y naturaleza pecaminosa, que nos llevan a excluir y construir muros alrededor de nuestros corazones. Cuando nos aislamos de los demás y los excluimos, salimos del campo de juego de la misión de Dios. Al tener una actitud de bienvenida, permitimos que el espíritu de Dios fluya en nosotros, atraviese a otros y llegue al meollo del asunto... es AMOR vivencial.


Invite personas a su casa para cenar y compartir una comida. La mesa es un espacio sagrado en el Reino de Dios. Jesús desarrolló parte de su ministerio alrededor allí, durante una comida. Es uno de los espacios más íntimos que podemos compartir con otros, ya que revela nuestra necesidad común de comer y nutrirnos. ¿Tomando en cuenta la cuarentena, por qué no organizar una cena virtual para compartir la mesa con lo que Dios pone en su corazón a bendecir?


Acepte la invitación a cenar con otra persona con alegría y agradecimiento. Muy a menudo, le negamos al otro la capacidad de bendecirnos y tratamos de evitar la intimidad. Sacamos buenas excusas para no ir y compartir una comida en su hogar. Estoy seguro de que muchos de quienes trabajamos en contextos de pobreza extrema, recordamos lo afortunados que fuimos cuando nos invitaron a compartir la poca comida o bebida que tenía uno de nuestros vecinos, quien expresó su amor y aprecio por nosotros al abrir su humilde espacio íntimo. ¡Su hospitalidad habla con tanta potencia en medio de su escasez! A pesar de su pobreza, muchos son generosos y están abiertos a compartir ese espacio sagrado. Aprendamos a ser invitados agradecidos. Esto nos ayudará a ser personas más generosas y hospitalarias y así, revelaremos el reino de Dios en nuestro entorno.


Esta pandemia y los cambios fuertes que ha traído a nuestras vidas no durará para siempre. Aun en cuarentena podemos practicar la hospitalidad de corazón con las personas que son parte de nuestras vidas y con las que Él pone en nuestro camino… Seamos creativos en las nuevas formas de hospitalidad que podemos experimentar en las condiciones actuales, donde todo está puesto de cabeza con el aislamiento… Inventemos nuevas formas de dar la bienvenida a nuestros corazones, nuestros espacios seguros donde podemos ser conocidos y conocer, escuchados y escuchar, amados y amar.


3 vistas