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El amor permanece

Por Tomás Yaccino


En nuestra vida, nunca hemos experimentado algo como la pandemia mundial de Covid19. La propagación del virus no respeta fronteras, etnias, economías, poderes, religiones, sistemas o estructuras. De repente, es como si se hubiera quitado un velo que obstruía la visión de muchos y ahora, podemos ver con claridad el quebrantamiento, las injusticias y las espantosas desigualdades de nuestro mundo y sus sistemas.

Como los días, las semanas y, pronto, pasarán meses con todo cerrado, hay un grito colectivo que invita a regresar a la "normalidad" que muchos anhelan. Sin embargo, significa un retorno a "más de lo mismo”, a una realidad en la que la mayoría del planeta ha tenido que soportar con gran resiliencia y mucho sufrimiento.

Este evento histórico drástico en nuestra generación marcará, sin duda, un antes y un después. Este contraste que estamos experimentando nos hará luchar por el regreso a una "normalidad" caracterizada por el individualismo, las separaciones, la discriminación, el individualismo y las desigualdades, o nos moverá a re-imaginar con creatividad un mundo que aprende a “normalizar” la solidaridad, la amabilidad y la compasión que la situación actual requiere de nosotros para nuestra supervivencia.

Todos los cambios que estamos experimentando están cargados de incertidumbre: la pérdida repentina de empleo; la falta de atención médica, seguridad alimentaria y medios de subsistencia; la posibilidad de viajar, las amenazas que genera la conectividad física y la proximidad, etc. En medio de la incertidumbre masiva que produce esta crisis, queda algo seguro, que no ha cambiado: el amor de Dios. Dios es amor. Dios está con nosotros para siempre y su amor permanecerá. El amor iluminará un camino a seguir en medio de nuestra oscuridad actual.

Inicié esta breve reflexión afirmando que "en nuestras vidas" no hemos experimentado algo tan perturbador. No obstante, no hay nada nuevo bajo el sol y esta pandemia actual repite la historia en un mundo que ha sufrido inundaciones, sequías, plagas, pandemias, genocidios y conflictos devastadoras. Aunque es algo único para nuestra generación, el mundo ya ha sufrido cataclismos como éste.

¡La historia registra que unas cinco mil personas morían cada día en Roma durante la devastadora plaga del siglo III (250 - 280 d.C.), bajo el dominio del imperio romano! El hilo constante del amor, por más que lo pasemos por alto y por ausente que parezca, prevaleció durante esa pandemia mundial. Los seguidores de Jesús, miembros de la iglesia primitiva, tomaron en serio su llamado a amar a su prójimo como a sí mismos; era una norma cultural para los ciudadanos del Reino de ese entonces. El historiador Dionisio documentó este poderoso reflejo del amor de Dios que mostraron los cristianos de la época:

“Sin prestar atención al peligro, se hacían cargo de los enfermos, atendían todas sus necesidades y los ministraban en Cristo. Partieron de esta vida serenos y felices, a pesar de haber sido infectados por otros. Contrajeron la enfermedad de sus vecinos y aceptaron alegremente sus dolores”.

A medida que los impactos negativos del Coronavirus siguen evidenciándose mediante un flujo constante de noticias abrumadoras, hay fragmentos de luz que se abren paso y nos recuerdan la naturaleza inmutable del amor de Dios, que todavía está presente en el mundo. El Reino está presente entre nosotros.

Las comunidades de fe que entienden todas las implicaciones del Evangelio, siguen difundiendo el amor de Dios al atender las necesidades de los ancianos encerrados, servir comida a la gran cantidad de ciudadanos que han perdido el sustento para mantener a sus familias, brindar refugio a quienes no tienen hogar donde habitar durante las cuarentenas obligatorias, apoyar a las familias de escasos recursos y a sus hijos, a quienes educan con amor, al orientarlos, brindarles acompañamiento educativo a la distancia y enviarles comida durante este periodo en el que las escuelas se encuentran cerradas. El amor de Dios todavía está presente y florece entre los seguidores de Jesús mediante hechos desinteresados que se caracterizan por el servicio y la amabilidad.

En la actualidad, el desafío más apremiante que enfrenta la iglesia no es cómo mantener el contacto en línea, lo cual es importante, sino cómo encontrar formas creativas para mantener el contacto para extender el servicio a quienes sufren y no pueden reunirse con otros. De repente, hay acciones compasivas que se convierten en amenazas para la salud pública: una reunión diaria para alimentar a más de ochenta amigos que viven en las calles, albergar a docenas de familias inmigrantes no documentadas en el edificio de la iglesia, cuidar a los enfermos y ancianos en hogares permanentes, cuidar a diario a cientos de niños por medio de apoyo académico, comida, cuidado de la salud y orientación espiritual. Estas nuevas realidades son los nuevos y verdaderos desafíos del pueblo de Dios. Sin embargo, el amor permanece, al igual que su promesa de estar con nosotros siempre, aun en tiempos de prueba y sufrimiento.

Las necesidades urgentes, siempre presentes de los pobres y de quienes sufren siguen latentes, por lo que nos vemos obligados a crear nuevas formas de amarlos. Permanecer conectados mediante el Internet y otros medios, es una posibilidad para algunos; el aislamiento y las condiciones infrahumanas del hogar hacen que la cuarentena sea increíblemente difícil para otros.

En medio de la oscuridad de nuestra crisis global actual, el amor permanece y el amor de Dios encuentra la manera de ser una luz. Seamos atentos, creativos, innovadores, sabios y audaces para buscar las formas de amar a nuestro prójimo. Hoy más que nunca, debemos alentarnos, consolarnos, inspirarnos, escuchar las historias de los demás, llorar unos con otros, celebrar juntos al experimentar el misterio del gozo en medio del sufrimiento, ser generosos con los demás. Sobre todo, amarnos de forma genuina.

Que la comunidad de creyentes se inspire para innovar y volver a imaginar las formas en que podemos ser sal y luz durante la pandemia del Coronavirus. Que la red gire en torno a estas circunstancias para mantenerse conectada en nuevas formas de apoyo y sea útil para bendecir, equipar y construir el cuerpo para un tiempo como este.

"Deja que tu luz brille ante los demás, para que puedan ver tus buenas obras y glorificar a tu Padre en el cielo". (Mateo 5:16)


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